ESTUDIO SOBRE EL ESTADO DE SALUD DE LOS INDIGENTES DE BARCELONA Una de cada diez personas que viven en la calle tienen estudios universitarios
El antropólogo de la Fundació Sant Joan de Déu Joan Uribe puso ayer sobre la mesa múltiples cuestiones sobre la situación en la que sobreviven los sin techo en Barcelona y alguna que otra respuesta, durante la presentación del estudio Los sin techo de Barcelona: perfiles, estado de salud y atención sanitaria, dirigido por él mismo y por Sara Alonso y editado por la Fundació Jaume Bofill. En el apartado de respuestas, la principal es que, pese a que el 49,1% de estas personas sufren alguna enfermedad mental, en la mayoría de ocasiones estas han sido desarrolladas por el hecho de vivir en la calle y no al revés, al contrario de lo que se suele creer.
Elaborado a través de una encuesta en profundidad a más de 600 personas del colectivo, el estudio pone de manifiesto que los indigentes están peor de salud de lo que creen y manifiestan y reciben una atención sanitaria inferior a la que necesitan.
Las enfermedades o trastornos más frecuentes son las relacionadas con los músculos y los huesos (en un 67,6%), las cardiovasculares (en un 57,2%), los trastornos mentales (49,1%) y el alcoholismo y otras toxicomanías (45%).
En general, la mayor parte de estas personas no lleva más de tres años en esta circunstancia, y un 27,6%, es decir, uno de cada cuatro, llevaba en junio del 2008 "momento en el que se hicieron las entrevistas" menos de seis meses. Prácticamente la mitad (un 46,9%) lleva entre seis meses y menos de tres años. Los autores pusieron énfasis en el hecho de que las entrevistas se hicieron «antes de la crisis», durante el año 2008, con lo que los resultados hoy por hoy podrían variar a peor.
MAYORÍA DE HOMBRES. En el apartado de misterios sin resolver destacan los motivos que hacen que un 87,7% de los aproximadamente 3.000 indigentes de la capital catalana sean hombres o por qué los sin techo que viven en la calle son los que presentan enfermedades crónicas con menos frecuencia, frente a los que viven en albergues.
El estudio también constata que este colectivo suele acceder a la atención médica en situación crítica, es decir, de emergencia, lo que provoca que la mayoría no siga un tratamiento, ya que cada vez que acuden a urgencias se les abre un historial nuevo y empiezan de cero, haciendo imposible un seguimiento. «Sería muy importante la creación de un historial único», reclamó Uribe.
En cuanto a los motivos que hacen que estas personas no acudan al CAP "además del hecho de que un 50,7 sean extranjeras", Uribe apuntó que son personas con una gran movilidad, para los que el sistema sanitario no resulta accesible. «No entienden eso de llamar y pedir hora, si pueden ir a urgencias cuando están mal», apunta.
CASA Y TRABAJO. Los autores del estudio también propusieron que el derecho a la salud no se puede disociar
del derecho a la vivienda y a un trabajo digno. «Sin estabilidad es difícil, cuando no imposible, acceder con un carácter de continuidad a los servicios sociales», dicen.
De la radiografía de la población que vive en las calles de Barcelona sorprenden cifras, como que casi una de cada 10 tiene estudios universitarios (un 9,8%), aunque la mayoría tiene estudios básicos: el 66,44% cursó primarios y de estos, un 46% los tienen completados.
El estudio también refleja que un poco más del 60% tenían relaciones familiares y/o de pareja y vínculos de amistad antes de llegar a esa situación de desarraigo social.