¿Hasta cuándo vamos a seguir aplicando políticas fracasadas?

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Hace un par de días se celebró el Día de Andalucía, en el que conmemoramos la lucha por la autonomía de nuestra tierra y de sus gentes. Sólo un día antes, en La Línea de la Concepción, más de 3.000 personas se manifestaron para pedir nuevas medidas ante la escalada de violencia asociada al narcotráfico, expresando a viva voz su indignación a la opinión pública y reclamando a las y los políticos de turno que den pasos firmes para acabar con la situación de abandono que sufre la comarca. La coincidencia de las fechas nos permite hacer un paralelismo entre estas recientes manifestaciones ciudadanas del Campo de Gibraltar y las demandas sociales que dieron lugar un día a la autonomía de Andalucía, pues la lucha por nuestra “Autonomía” no buscaba “simplemente” que Andalucía tuviera un mejor lugar en el andamiaje constitucional que se estaba armando, sino que quería superar el histórico abandono económico, político y social al que se relegaba a nuestro rico, extenso y poblado territorio.

Andalucía, consciente de sus virtudes y de sus enormes capacidades, no quiso ser confinada a un puesto secundario, quiso hablar con voz propia y ser tenida en cuenta. 38 años después de aquellos históricos acontecimientos podemos decir que se ha conseguido mucho, pero, desgraciadamente, Andalucía sigue estando a la cola en algunos aspectos relevantes, por ejemplo, presentando un índice de pobreza 15 puntos por encima de la media estatal.

En ese sentido, las demandas de las asociaciones y habitantes de La Línea de la Concepción en este mes de febrero de 2018, no sólo giraron, como destacan las voces más alarmistas, en torno al aumento de las medidas de seguridad y de la severidad de las penas para los narcotraficantes. Por el contrario, también se reclamaron y se reclaman más medios económicos y educativos e inversiones en general para una zona con una tasa de paro del 33%. Se reclamó y se reclama trabajo, igualdad de oportunidades y medidas solidarias.

Desde ENLACE siempre hemos mantenido que para acabar con las problemáticas asociadas al tráfico de drogas, principalmente con las peligrosas mafias que se fortalecen cada día con este negocio, tenemos que centrarnos en la Justicia Social y no tanto o, al menos, no exclusivamente en la Justicia Penal. En esta línea, en la última Asamblea General de la ONU sobre el problema de las drogas, la comunidad internacional ha comenzado a hablar de otras formas de abordar este problema mundial, como por ejemplo:

– Promoviendo iniciativas que contribuyan a la erradicación de la pobreza y a la sostenibilidad del desarrollo social y económico de regiones y grupos, desde la clave del Desarrollo Sostenible.

– Fomentando el desarrollo urbano sostenible para las personas afectadas por las actividades ilícitas relacionadas con las drogas, a fin de promover la participación pública en la prevención del delito, la cohesión comunitaria, la protección y la seguridad, la innovación, el espíritu emprendedor y el empleo.

– Desarrollando una verdadera y efectiva prevención, dirigida fundamentalmente a frenar la iniciación en el consumo de drogas de niños, niñas y jóvenes, proporcionándoles información precisa sobre los riesgos del uso indebido de drogas, promoviendo competencias y oportunidades que les permitan elegir modos de vida saludables, favoreciendo el desempeño positivo de las funciones parentales y fomentando entornos sociales saludables y sanos que garanticen el acceso a la educación y la formación profesional en condiciones de igualdad.

En ENLACE creemos que son estas las medidas que necesitan el Campo de Gibraltar y otras zonas de Andalucía que presentan problemas similares, y sabemos que la mejor manera de conseguirlas es mediante la toma de conciencia y el compromiso de la comunidad, incluyendo tanto a la sociedad civil y como a los poderes públicos.

Y en esta reflexión que realizamos con ocasión de estos acontecimientos recientes, no podemos dejar de lado una cuestión que venimos repitiendo desde hace años, y que repiten sin cesar infinidad de organismos, personas expertas, organizaciones civiles especializadas o personajes públicos: El enfoque prohibicionista que enmarca la mayor parte de las actuaciones en el mundo no ha conseguido reducir el “problema de las drogas” sino que, por el contrario, ha servido para enriquecer y fortalecer a las mafias y organizaciones criminales, que campan a sus anchas en una clandestinidad que parece hecha a su medida.

Precisamente porque el combate puntual y desigual contra quienes se benefician de este negocio no ha conseguido los objetivos perseguidos (reducción de la oferta y la demanda de droga) ni ha frenado el creciente poder de las mafias, ha llegado el momento de explorar otras vías, de estudiar y valorar iniciativas innovadoras como las que se están ensayando con éxito en otros países, con las que se está consiguiendo, además del control de las sustancias, arrebatar la principal fuente de ingresos y de poder a los narcotraficantes.

Desde este punto de vista, una nueva regulación del cannabis, enfocada a un uso controlado de la sustancia, permitiría volcar los esfuerzos de las políticas de drogas en la prevención de los consumos abusivos, la educación y el desarrollo económico de las zonas desfavorecidas.

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